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L’associació cultural “El Tramvia nº 2” es presenta al poble de La Romana:

Som un grup d’amigues i amics que ens hem reunit per ajuntar esforços i il·lusions, amb l’objectiu de promoure i realitzar activitats culturals, esportives i d’oci.
"El Tramvia nº 2" també pretén ser una plataforma cívica des d’on poder expressar-nos i mostrar les nostres inquietuds, conéixer gent i fer noves amistats. Des d’ací convidem a tota aquella persona que vulga ser passatgera del tramvia per a que s’anime i contacte amb nosaltres. eltramvia2@gmail.com

La asociación cultural "El Tramvia nº 2" se presenta al pueblo de La Romana:

Somos un grupo de amigas y amigos que nos hemos reunido para aunar esfuerzos e ilusiones, con el objetivo de promover y realizar actividades culturales, deportivas y de ocio.

"El Tramvia nº2 también pretende ser una plataforma cívica desde donder podernos expresar y mostrar nuestras inquietudes, conocer gente i hacer nuevas amistades. Desde aquí Invitamos a toda aquella persona quiera ser pasajera del tramvia a que se anime y se ponga en contacto con nosostros.

Ponte en contacto con nosotros: eltramvia2@gmail.com

 

Viajeros al Treeeen! 

Nadie puede, desde intereses electoralistas o partidistas, o desde un prisma empresarial, hacer que la vasta complejidad de la cultura dependa de sus designios particulares.

Muchos han sido los intentos por parte por parte de los poderes, tanto fácticos (religiosos y empresariales) como jurídicos (poder político), de hacer suya la titularidad a la hora de regular o controlar la permanencia o el cambio de los componentes elementales de la cultura. Qué componentes: las creencias, los valores, las actitudes y las costumbres que materializan todo aquel poso intangible y que fundamenta el córtex social e individual de los humanos en las conductas más primarias. La cultura posee sus mecanismos de autocontrol y regulación.

De una parte asegura la permanencia, pero de otro lado hace que los mecanismos que la dinamizan aseguren un cambio paulatino, adecuado a las necesidades del momento, pero sin perder de vista los elementos básicos que le aportan el sentido de su existencia e identidad. Desde una perspectiva marxista, se podría sostener que la cultura viene definida en sustancia más por las relaciones de producción, comercio y trabajo que por los designios políticos e ideológicos.

Las romerías y los festejos en honor a San Isidro, patrocinados eso sí, por empresas como Marjal o el Grupo Inercia, se encuentran rodeados por la cultura laboral que gira en torno a la agricultura. Otra cosa es que el manto protector de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana haya proyectado religiosamente las costumbres, los valores y las fiestas, paganas en sus orígenes, y que fuesen a su vez, puestas bajo el control del poder público y político. Y es que si la iglesia, que tiene muy buen ojo para los negocios, supo proyectar la cultura pagana en Santos, Homilías y frescos, es porque la cultura es un bien muy preciado. La iglesia no juega con cualquier cosa.

Y es que la cultura, con sus mecanismos de defensa frente a la erosión de los principios que constituyen la supervivencia de las relaciones entre los grupos, ajenas a cualquier elemento partidista, ha llegado a ser considerado como un bien público. Ciertamente, los poderes públicos la consideran de especial protección. Es una suerte.

Pero, como el fin del poder político es diferente del medio o del fin que pretende en un momento dado preservar (la cultura), todo el proyecto se desvirtúa. Una cultura que en cuanto que propiedad de la sociedad civil, no puede ser objeto del poder político ni económico.

Tal y como sostuviera Aristóteles, dado que el fin no coincide con el medio, todo se desmonta y el galimatías sustancial está asegurado. ¿Podemos permitir que los fines partidistas estén amparados en la sociedad civil y la cultura? Hay que luchar porque el fin, la defensa de la cultura y de sus mecanismos de transmisión histórica y de preservación sustancial, esté en manos del mejor de los medios al respecto: la propia sociedad civil.

La conversación intergeneracional, el conocimiento documentado de la historia local (a través de un grupo o centro de estudios locales), el desarrollo de los elementos básicos que pueden reforzar la identidad de la juventud, la reflexión general en torno a principios éticos básicos y que estén especialmente presentes en nuestra sociedad, la reunión, la cohesión valorativa y actitudinal… todo ello, ha de ser lo que materialice la defensa autónoma de lo que es un bien muy preciado de control por parte del poder político o religioso (católico).

La cultura está presente mucho antes que las instituciones políticas, tanto dictatoriales como democráticas. Vienen del periodo griego, pasan por el romano, perviven durante la etapa feudal a pesar del control religioso y su desvirtuación, se amoldan a los procesos democráticos, se blindan frente a las balas de la guerra y el fascismo, se moldean, restituyen y adaptan, pero perviven, y así continuaran, por encima de todo, porque el todo es superior a la suma de las partes, y nadie podrá desde dentro de ella (porque nadie está fuera, y sólo desde fuera se podría desmontar), por mucho que se empeñen en dejar un pueblo rodeado de colonias urbanísticas blindadas, tanto desde dentro hacia a fuera como desde fuera hacia adentro,  desmontar algo tan sólido y cohesionado. La cultura permite convivir, no coexistir. Cuando alguien pretende frustrar la convivencia mediante la introducción violenta de valores que no se adaptarán jamás, la coexistencia es lo único, aparente, metálico, inerte y vano que dará sentido a la nada.  

El Tranvía nº 2 espera, tras mucho tiempo en la estación, que el hilo que pende sobre su cabeza, el hilo de la historia y de la realidad generacional de La Romana, le dote de la energía suficiente como para iniciar un camino sin final, sin límites y sin ese rozamiento del primer teorema de la dinámica de Newton que paraliza el movimiento y la vitalidad de las cosas.

@ 2007. Revista de la Asociación socio cultural "El Tramvia nº2". Prohibida la reproducció total o parcial sense citar la font i l'autor